Madre

El alba me sorprende de nuevo junto a ti.

La gente camina con insolente indiferencia. Nada saben de nosotros, de que esta tierra alberga tus cenizas en su seno. Y yo, que te llevé en el mío, cruzo todos los días la delgada línea que separa la tristeza de la locura para cuidarte como no pude hacerlo en tu fin.

Las guerras siguen reclamando sangre, nunca tienen suficiente.

Los desvelos nocturnos no evitan las pesadillas.

Aunque en mi cuerpo sólo cabe la desesperanza no puedo renunciar a tu sonrisa. ¿Cuándo volverá a iluminarme?  

Dicen que la luz es inextinguible y, mientras viva, la tuya no se apagará.

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